{"id":429,"date":"2021-04-15T11:59:29","date_gmt":"2021-04-15T15:59:29","guid":{"rendered":"https:\/\/blog.uvm.edu\/huertas\/?p=429"},"modified":"2021-05-03T12:11:53","modified_gmt":"2021-05-03T16:11:53","slug":"entrevista-de-huertas","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blog.uvm.edu\/huertas\/2021\/04\/15\/entrevista-de-huertas\/","title":{"rendered":"Entrevista de Huertas 2021"},"content":{"rendered":"\n<p>Imaginen arriesgar su vida con la esperanza de poder lograr el Sue\u00f1o Americano. Luego, al llegar, terminan trabajando doce horas al d\u00eda, seis d\u00edas a la semana, y con el temor constante de ser deportado y enviado de regreso al pa\u00eds del que decidieron partir. Tal es la vida de mi amigo, un trabajador de una granja lechera local de Vermont quien amablemente permiti\u00f3 que lo entrevistara y contara su historia para que sea conocida. Por razones de seguridad, ha pedido que su identidad permanezca en el anonimato y por esta raz\u00f3n me referir\u00e9 a mi amigo como Jos\u00e9.<\/p>\n\n\n\n<p>Hace poco menos de un a\u00f1o y medio, Jos\u00e9 parti\u00f3 de su amada Chiapas, M\u00e9xico, y embarc\u00f3 en un viaje del que no estaba seguro regresar\u00eda. Como \u00e9l mismo dijo: &#8220;es un sacrificio, pero lo hago por mi familia&#8221;. Sin embargo, \u00e9sta no era la primera vez que se embarcaba en un viaje as\u00ed. Entre el 2003 y el 2004, Jos\u00e9 ya hab\u00eda cruzado la frontera para trabajar en granjas en los estados de Washington y Florida, recogiendo manzanas en el primero y naranjas en el segundo. Por motivos personales, regres\u00f3 a M\u00e9xico un a\u00f1o despu\u00e9s, pero su situaci\u00f3n econ\u00f3mica en el 2019 no le dej\u00f3 otra opci\u00f3n que regresar una vez m\u00e1s a los Estados Unidos. Sab\u00eda que regresar era la \u00fanica forma en que su familia podr\u00eda salir adelante en la vida recibiendo el apoyo financiero que necesitaban desesperadamente (incluso si eso significaba dejar atr\u00e1s a su esposa, a cuatro hijos y a dos nietos).<\/p>\n\n\n\n<p>Al intentar reingresar a los Estados Unidos en 2019, Jos\u00e9 pas\u00f3 21 d\u00edas escondido en la frontera, luchando contra el hambre y la sed extrema. En un momento, Jos\u00e9 cont\u00f3 que pas\u00f3 m\u00e1s de una semana sin comer siquiera una comida al d\u00eda, sin agua, rezando para que la polic\u00eda de fronteras no lo encontrara. La carga f\u00edsica que Jos\u00e9 soport\u00f3 no fue el \u00fanico precio que tuvo que pagar para regresar. Para poder ser introducido de contrabando en el pa\u00eds exitosamente, Jos\u00e9 tuvo que pagar a los conocidos como &#8220;coyotes&#8221;, o personas que los migrantes contratan para ayudar a guiarlos a trav\u00e9s de la frontera. Jos\u00e9 me dijo que se requer\u00edan dos tarifas para que los coyotes lo ayudaran: una tarifa inicial de 60,000 pesos mexicanos para llevarlo hasta la frontera, seguida de un pago de 120,000 pesos una vez que estuviese del otro lado. La conversi\u00f3n a d\u00f3lares estadounidenses es de aproximadamente $ 8,716.52, una cantidad impactante considerando que no hay certeza de que el cruce ser\u00e1 exitoso o no, o que incluso regresar\u00e1 con vida. Para agregar algo en el contexto, en M\u00e9xico el salario m\u00ednimo diario es de casi 142 pesos diarios (alrededor de 7 d\u00f3lares), y esto solamente en un trabajo formal; los vendedores ambulantes o los agricultores locales podr\u00edan ganar incluso menos. Este pago total de 180.000 pesos podr\u00eda ser el ahorro de toda la vida de una persona, lo que representa cu\u00e1n vital y urgente es realmente su intento de ingresar a los Estados Unidos.<\/p>\n\n\n\n<p>Al preguntarle a Jos\u00e9 si era feliz aqu\u00ed en Vermont, su respuesta inmediata fue \u201cSi, gracias a Dios\u201d, seguido de una explicaci\u00f3n sobre su capacidad para mantener a su familia de la manera que \u00e9l pretend\u00eda. Dicho esto, dej\u00f3 en claro que los a\u00f1os no pasan en vano y que pronto le resultar\u00e1 dif\u00edcil mantener este trabajo tan arduo e intensivo. Afortunadamente, Jos\u00e9 mencion\u00f3 que no tiene problemas con su jefe y que puede ganar lo suficiente para enviar a Chiapas remesas mensuales. Los trabajadores migrantes a menudo enfrentan casos de abuso (verbal y f\u00edsico) muy desafiantes en ciertos entornos de trabajo, por lo que fue reconfortante escuchar que \u00e9l no tuvo que enfrentarlos aqu\u00ed en Vermont. Dicho esto, el costo emocional de Jos\u00e9 no es f\u00e1cil, ya que tambi\u00e9n se\u00f1al\u00f3 que vive una vida bastante solitaria. A pesar de tener familiares lejanos que viven a menos de veinte minutos en coche, Jos\u00e9 opta por ni siquiera verlos. Prefiere no usar el dinero que tendr\u00eda que gastar para que alguien lo lleve a ver a sus parientes y as\u00ed ahorrar para su familia. En lugar de encontrarse con amigos, en su d\u00eda libre Jos\u00e9 duerme, mira partidos de f\u00fatbol y llama a sus hijos, y solamente al escuchar sus nombres sonr\u00ede de oreja a oreja.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Jos\u00e9 planea quedarse en Vermont por 3 a\u00f1os m\u00e1s antes de decidir si es hora de regresar a M\u00e9xico. A pesar de su agotador horario de trabajo y su inconcebible y dif\u00edcil relaci\u00f3n a larga distancia con sus seres queridos, es admirable ver c\u00f3mo Jos\u00e9 conduce su vida. Lucha duro, con una inquebrantable dedicaci\u00f3n a los que m\u00e1s ama, sin importarle lo dif\u00edcil de su situaci\u00f3n actual. La historia de Jos\u00e9 es notable, similar a la de aproximadamente 1,200 trabajadores migrantes indocumentados que mantienen viva la pr\u00f3spera industria l\u00e1ctea de Vermont. Aboguemos por el bienestar de todos aquellos que hacen posible que haya comida en nuestros platos y mantienen pujante nuestra econom\u00eda local. Y la pr\u00f3xima vez que compre un gal\u00f3n de leche, beba su latte o se trague su Ben and Jerry&#8217;s, recuerde que alguien arriesg\u00f3 su vida para poner ese producto l\u00e1cteo en sus manos.&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Imaginen arriesgar su vida con la esperanza de poder lograr el Sue\u00f1o Americano. Luego, al llegar, terminan trabajando doce horas al d\u00eda, seis d\u00edas a la semana, y con el temor constante de ser deportado y enviado de regreso al pa\u00eds del que decidieron partir. 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